Hipatia Vla comparte una nueva columna de opinión, esta semana un tema que desde la política algunos sectores siguen permanentemente. LOS GOBIERNOS Y LA OPINIÓN PÚBLICA
Desde la crisis de los Partidos Políticos ocurrida a partir de su debilitamiento, luego del accionar de la Dictadura Cívico-militar de los años 70, a la muerte y desaparición de muchos de sus futuros cuadros dirigenciales y, a su propia impericia para sostener la representatividad de sus bases y simpatizantes, se ha impuesto como herramienta electoral el camino que indica la opinión pública y su cambiante influencia.
La Constitución Nacional en su reforma de 1994, nace de un acuerdo entre los caudillos partidarios nacidos luego de recuperada la democracia, denominado Pacto de Olivos. En el que cada uno, Alfonsín y Menem, establecen, entre otras disposiciones promover la incorporación de compromisos ligados al Derecho Internacional.
Otro de los intereses primordiales, fue establecer un sistema de reparto de cargos que den posibilidad a que las minorías tengan un grado mayor de representatividad en las Cámaras Legislativas.
Si bien dicho objetivo parecía apuntar a mayor democratización, las leyes reglamentarias fueron limitando la participación de sectores minoritarios que representaban diversos valores e intereses, surgidos la una sociedad diversa como lo es la argentina.
Los partidos políticos sufrieron la consecuencia de su burocratización, dejaron de ser formadores de opinión y de conciencia, se dedicaron a «profesionalizarse» y abandonaron el contacto con sus bases.
Sumado y como consecuencia de ello, se produce la crisis del 2001 y el «que se vayan todos» y «piquete y cacerola, la lucha es una sola».
Si bien, hay muchas más e interesadas razones que dieron lugar a la crisis. El catalizador de las frustraciones sociales y ciudadanas fueron los «políticos» y sus partidos.
Esto dio lugar a que la administración del estado se concentre en un hiperpresidencialismo surgido de las urnas, con leyes que facilitaron la concentración del poder para dar respuesta a las profundas frustraciones que el sistema democrático no pudo atender.
Retomando el concepto de gobiernos de la opinión pública, con que se tituló el artículo, nos hace prestar atención a la peligrosidad que representa esa herramienta de selección que se le ofrece al ciudadano. La manipulación y las sofisticadas herramientas de formación de la opinión pública que cada vez influyen con mayor interés al humor social, hacen temblar al sistema otrora denominado Democrático, Republicano y Federal.
Basado en el libro «La política después de los partidos». Isidoro Cheresky (compilador).
Hipatia VLA
